lunes, 9 de noviembre de 2009

MI AVENTURA DE SER DOCENTE

La actividad docente, en lo particular me ha permitido redescubrirme en mis capacidades y habilidades. Reconocer mis deficiencias y ampliar mi necesidad de aprender más sobre este campo y sobre las experiencias de mis compañeros me ha permitido profundizar sobre su influencia social. Yo me siento sumamente afortunada de ser docente y, cuando las cosas se hacen con tal convicción, siempre existe una identidad casi espontánea y pocas son las ocasiones de desánimo. Mi aventura ha sido desde siempre, pues ha sido mi actividad laboral principal con el mejor y mayor de los esfuerzos, negociando con mis alumnos los acuerdos de colaboración y convivencia.

Muchas veces surge en nosotros la pregunta: Y todo esto que me dicen los teóricos de la educación, cómo lo aplico?, ¿cómo le hago cuando veo que mis alumnos no aprenden lo que les enseño? O la típica frase: "¡Los alumnos nunca se enteran de cuánto los maestros les enseñan!" Cuando se es docente, es importante tomar en cuenta que la práctica y la teoría educativa no se contraponen, sino que van de la mano, son complementarias. No se trata de minimizar la teoría educativa sólo porque no se cuenta con una formación docente. Es como si yo quisiera ser arquitecta (sin haber estudiado la carrera) después de 5 edificios derrumbados. No hay teoría que no surja a partir de la observación del fenómeno educativo, su transformación, sus resultados, su análisis y la reflexión sobre ella. No hay conocimiento científico si no existen los argumentos y la fundamentación que lo sustente.

En este sentido, yo no hablaría de un aprendizaje en la docencia por ensayo y error sino de la búsqueda de un perfeccionamiento de la práctica a partir de lo que otros ya conocen, ya que no se trata de experimentar "haber si sale", tolerando los errores, puesto que estamos trabajando con seres humanos tan sensibles o más que nosotros mismos, con quienes no es aceptable cometer errores. Cierto es que como humanos, también nos equivocamos, sin embargo creo que esta es una de las pocas profesiones en las que no nos podemos permitir cometer muchos errores. Debiéramos retomar lo que las teorías interpretan como conocimientos y, a partir de ahí, comprobarlas en la práctica y tratar de mejorarlas. También es cierto que estas teorías pueden equivocarse o no apegarse mucho a nuestra realidad, pero también debemos tener un criterio personal y no actuar "a ciegas". No hay algoritmos específicos para dar una clase, sin embargo existen herramientas que nos pueden ayudar a ver las distintas realidades desde puntos de vista profesionales y que podrían ahorrarnos los "errores". Ser competentes no significa conocer mucho, sino saber resolver problemas e innovar con aquello que se sabe.

No hay comentarios.: